Criadillas escribió: ↑07 Sep 2026 13:16
Hoy sos vengo a contar una triste historia de sufrimiento que si la pilla el director de The Brutalist, te mete un troncho de 9 horas y sales llorando, cagao encima y con traumas para 3 vidas:
El viernes pasado, aprovechando la tarde libre, mi SE y yo decidimos acercarnos a la fiestas del barrio de Arganzuela, en busca de diversión callejera, cerveza fresquita, minis de salchipapas y alguna que otra vianda selecta en formato bocadillo, de esas que llevan a puro sol en contenedores a 30 y pico grados las últimas 15 horas, con las que pillarse una buena intoxicación de tres días echando agüilla por todos lados y que te dejan bikini total para quitarse los kilillos ganados durante el verano de excesos.
El caso es que, como me pasa siempre a esas horas (las 21:00 más o menos), iba yo con más hambre que un niñito de Biafra y viendo que cada vez se venía más y más gente (el recinto de Arganzuela es un coquetón parquecito al lado del Matadero, con baños techados estupendos, césped alrededor y todo guay, pero que, andadas las horas y habiendo empezado a tocar los puto La Frontera (la enésima vez que los veo por mor de fiestas populares de la sierra, donde son fijos desde hace décadas, los plastas), la cantidad de gente que iba haciendo cola para conseguir comida, comenzaba a ser alarmante.
Como en las cosas del comer soy apolítico, y en estos saraos siempre se suelen encontrar barras montadas por los partidos políticos de turno que tengan más o menos presencia en el distrito, pues buscamos dónde encontrar la mejor opción, sin líneas rojas: panceta asada en la garita del PSOEZ o en la de Vox, es panceta igual. Digno hijo de la Transición.
Por suerte (o por desgracia), había hueco en la barra de Más Madrid, y no tuve que tragarme mis convicciones políticas, y la cosa iba todo fetén hasta que llegó mi turno de pedir en caja, pago, me dan el papelico con el pedido, se lo entrego al primero que me atiende, y la cosa empieza a demorarse y a demorarse por causa en un principio misteriosa.
La gente a mi alrededor va recogiendo sus pedidos con rapidez, pero por lo que sea, el mío se va retrasando más y más. Y mi hambruna no afloja. No dicen mi nombre. Empiezo a debilitarme alarmantemente.
Le llamo la atención a un jovensito al que veo libre y le pregunto. Me dice que han tenido un pelín de retraso porque ha venido a verles una amiga y parte de la gente que estaba con las comandas se ha despistado. Me pide disculpas, me pregunta mi nombre para buscarlo y me dice que tranqui, que ya sale.
Me ponen las cervezas al menos.
Los bocadillos siguen saliendo con diligencia. Todos excepto el mío.
Los putos de la Frontera siguen con su borchenoso repertorio poniendo una infame banda sonora a mi calvario. Sal en la herida.
Mi SE, que sabe que en estas ocasiones de hambruna soy mala compañía, me mira con compasión y llama la atención al chaval que me ha cogido la comanda en concreto, que se le ve agobiado por el volumen de trabajo.
El chico se acuerda de que hemos pedido hace un rato, y me dice que lo va a ver también.
Yo noto desvanecerme prácticamente, de debilidad.
El chico habla con la gente que cocina, se vuelve hacia nosotros y nos hace el ok con los pulgares, pero su mirada es indescifrable y preocupada.
De pronto hay un revuelo en el interior de la carpa, un gritio de alegría me parece oir (o es de espanto?) y todos vuelven a irse a un lado tras bambalinas, y dejan todo a medio hacer.
Pasado un minuto, vuelven y el caos se reinicia.
Bocatas y bebida que sale, pasa por mi cara, pero ninguno con mi nombre.
Semicomatoso y con una alarmante hipoglucemia letal, de pronto entiendo el origen de la mala gestión.
Nada menos que cierta política de izquierdas, ministra nada menos, ha ido a la carpa para saludar a los integrantes, y entre abrazos, besos, estrechamientos de manos y fotos, ha ido
JODIENDO el funcionamiento de la barra por completo, retrasando MI PEDIDO CON TOTAL DESFACHATEZ, y poco menos que matándome de hambre.
La cúspide del calvario llega cuando, AÚN SIN MI BOCADILLO DE PANCETA, de nuevo tooooooodos los curritos de la barra dejan de hacer lo que estaban haciendo, y se arrejuntan con la política, y se toman su buen minuto y pico para posar y liarse a hacerse fotos para el Insta de Mas Madrid.
Cuando todo acaba, con la mirada vidriosa, finalmente llega mi comanda, al fin, unos 15 o 20 minutos más tarde de lo que hubiese correspondido. Se me hicieron 500 como poco.
Una pesadilla que ni Hereditary.
Evidentemente, este fin de semana he dormido MAL y aún me dura la anemia.
PS: Al menos fui capaz de, en vengansa, hacer yo también foto del hecho, para que no creáis que todo fueron alucinaciones o espejismos.
LA IZQUIERDA MATA DE HAMBRE.
SOY LA PRUEBA.
PS2: el sábado por la mañana estaba malito de la tripa, para sorpresa de naiden.
ps3: a lo mejor he adornado alguna cosa, pero lo mollar es true 100% prueba del polígrafo de Conchita Pérez.