Mi género favorito: autobiografía con padre/madre loco/a
Publicado: 13 Ene 2026 11:54
Vamos a por el hilo de mi género favorito, las autobiografías de autores con padres o madres locos/as, adictos, intensitos, autoritarios, desfasados, juerguistas y ausentes…
Autores/as que se abren en canal para contarte cómo fue su infancia o su juventud (o su vida actual) siendo hijo de un padre que le maltrató, o que era un desfasado, o que padecía una enfermedad mental. Bien sean padres que eran mala gente, o bien sean padres loquitos que hacían lo que podían con las cartas que les habían tocado.
Mi objetivo no es tanto que leáis alguno de los libros que menciono, que también, como que otros lectores me recomienden libros de este género (terrible) que no conozca o no haya leído.
Allá vamos con una lista para empezar:
“Tiempo de vida”, de Marcos Giralt Torrente

“Tú no eres como otras madres” de Angelika Shrobsdorff

“Déjame ir, madre” de Helga Schneider

“El club de los mentirosos” de Mary Karr

“Nada se opone a la noche” de Delphine De Vigan

“Apegos feroces” de Vivian Gornick

“Mi padre, el pornógrafo” de Chris Offutt

“Volver la vista atrás” de Juan Gabriel Vásquez

“Material de construcción” de Eider Rodríguez

“Me alegro de que mi madre haya muerto” de Jennette McCurdy

“Otra noche de mierda en esta puta ciudad” de Nick Flynn

“Vengo de ese miedo” de Miguel Ángel Oeste

“Hillbilly, una elegía rural” de J. D. Vance.

En “El bar de las grandes esperanzas” de J. R. Moehringer se relata padre ausente y cómo encuentra consuelo en un bar donde toma las figuras masculinas que le faltan, y “Los chicos de Hidden Valley Road” de Robert Kolker cuenta la historia de una familia americana ideal en la que uno tras otro los hijos (son tropecientos hermanos) comienzan a desarrollar esquizofrenia. Es periodismo, no autobiografía, pero le dan acceso total a la familia, y es impresionante.
Así, de momento.
Lo dicho, se aceptan recomendaciones.
Edito y añado el último (e iré añadiendo en este primer post lo que vaya leyendo que se ajuste -más o menos- al "género"):
"Para acabar con Eddy Bellegueule" de Édouard Louis.

No entra del todo en el género, porque más que "padre loco" o "madre loca", es un libro que retrata a toda una clase social de obreros de la Francia obrera, sin herramientas personales, pueblos en los que todos son alcohólicos, todos pegan a sus mujeres, todos son como bestias sin desasnar. Vamos, que los padres del autor son como los demás padres del pueblo, no es una circunstancia especial la que vive en su casa, sino que todos son unas malas bestias, y su historia personal es diferente porque él es homosexual y porque tiene una inteligencia e inquietudes superior a los de los que le rodean. Ahí el diferente es él.
Autores/as que se abren en canal para contarte cómo fue su infancia o su juventud (o su vida actual) siendo hijo de un padre que le maltrató, o que era un desfasado, o que padecía una enfermedad mental. Bien sean padres que eran mala gente, o bien sean padres loquitos que hacían lo que podían con las cartas que les habían tocado.
Mi objetivo no es tanto que leáis alguno de los libros que menciono, que también, como que otros lectores me recomienden libros de este género (terrible) que no conozca o no haya leído.
Allá vamos con una lista para empezar:
“Tiempo de vida”, de Marcos Giralt Torrente

Un libro bien escrito, interesante y con padre egoísta y especial, pero que tampoco es un loco salvaje. Padre dominante, brillante, que te aplasta. Buenísimo.El escritor sale al mundo y nos devuelve una visión de la vida, no la vida. Partiendo de esta premisa, Marcos Giralt Torrente se enfrenta en este relato íntimo a un tema universal: la muerte del padre.
A partir del dolor por la pérdida, reconstruye la relación con su padre, el tiempo de vida que compartió con él, con asombroso afán de fidelidad. Sin eludir las zonas de penumbra pero sin recrearse en ellas, sorteando con equilibrio cualquier exceso. De esa forma, con ayuda de una prosa hipnótica y concisa, la propia experiencia se transforma en experiencia de todos. El resultado es un libro conmovedor que abraza y golpea a un tiempo. Ni un homenaje ni un ajuste de cuentas. Un intento de comprender la relación más compleja que cabe entre dos personas.
El retrato de un padre y un hijo. Un inventario de vida en el que casi nada se calla y en el que, por eso, aparece la vida tal y como es: con sus tristezas y encrucijadas pero también con sus jubilosos descubrimientos.
“Tú no eres como otras madres” de Angelika Shrobsdorff

También buenísimo. Me encantó.La narración de Angelika Schrobsdorff recons¬truye la vida real e inconformista de su madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de los prejuicios de su tiempo y deseosa de casarse con un artista (y no con el «exce¬lente partido» que le han buscado, un comerciante opulento y maduro). Así, Else vivirá de lleno el nacimiento de un nuevo mundo junto a la culta bohemia berlinesa de los «locos años veinte», un periodo en el que tendrá tres hijos de tres padres diferentes, fiel a las dos promesas que se hizo de jo¬ven: vivir la vida con la máxima intensidad y tener un hijo con cada hombre al que amara. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer singular y sedienta de independencia, que será arrollada por aquello mismo en lo que se negaba a creer al principio: el presente. Sin embargo, en la dura prueba del exilio, Else encontrará una realidad nueva y reveladora tras una vida que hasta entonces ha estado ente¬ramente dedicada a las fiestas, los viajes y el amor.
“Déjame ir, madre” de Helga Schneider

Este es mucho peor, pero tiene la curiosidad de que la hija se reencuentra con una madre nazi convencida, nazi de manual. Curioso.En 1998, Helga Schneider recibió una carta en la cual se le suplicaba que fuese a visitar a su madre nonagenaria, quien, al encontrarse gravemente enferma, estaba internada en una residencia en Austria. Transcurridos casi seis decenios desde que la ahora inofensiva anciana abandonó a su hija de cuatro años, y a toda su familia, para incorporarse en las SS, Helga se encuentra con una mujer que, pese a su fragilidad y necesidad de cariño, continúa sintiendo el más profundo desprecio hacia las víctimas del Holocausto. Sin embargo, pese a la herida imborrable que la ausencia y el olvido de su madre le causaron, más la vergüenza y repulsión de saberla cómplice activa y voluntaria de tan execrables crímenes, Helga descubre lo difícil que resulta cortar el cordón umbilical que la une a su progenitora. Incapaces de abandonar la lectura, asistimos a un crudo enfrentamiento dialéctico entre dos personas que luchan por salvarse a sí mismas, una intentando recuperar a su hija y la otra procurando romper el vínculo que la une a un ser de moral repugnante.
“El club de los mentirosos” de Mary Karr

Contada con más humor que los otros, también es estupendo.La tragicómica niñez de Mary en una localidad petrolera del este de Texas nos presenta a unos personajes tan singulares como divertidos: un padre bebedor, una hermana que con doce años le planta cara a un sheriff, una madre con un sinfín de matrimonios a sus espaldas —y cuyos secretos amenazan con destruirlos a todos—. Precisamente, será la madre, ese personaje maravilloso, quien se convertirá a lo largo del libro en la clave de esta gran historia, de esta novela autobiográfica e inolvidable.
“Nada se opone a la noche” de Delphine De Vigan

Demoledor, terrible, duro, buenísimo. Imprescindible para saber lo que es ser hijo/a de padre/madre loco/a de verdad.Después de encontrar a Lucile, su madre, muerta en misteriosas circunstancias, Delphine de Vigan se convierte en una sagaz detective dispuesta a reconstruir la vida de la desaparecida. Los cientos de fotografías tomadas durante años, la crónica de George, abuelo de Delphine, registrada en cintas de casete, las vacaciones de la familia filmadas en súper ocho, o las conversaciones mantenidas por la escritora con sus hermanos, son los materiales de los que se nutre la memoria de los Poirier.
Nos hallamos ante una espléndida, sobrecogedora crónica familiar en el París de los años cincuenta, sesenta y setenta, pero también ante una reflexión en el tiempo presente sobre la «verdad» de la escritura. Y muy pronto descubrimos, detectives-lectores también nosotros, que son muchas las versiones de una misma historia, y que narrar implica elegir una de esas versiones y una manera de contarla, y que esta elección a veces es dolorosa.
En el transcurso del viaje de la cronista al pasado de su familia y a su propia infancia irán aflorando los secretos más oscuros. «Escribo de Lucile con mis ojos de niña que creció demasiado deprisa, escribo ese misterio que siempre fue ella para mí, a la vez tan presente y tan lejana, ella, que, desde que cumplí diez años, nunca más me cogió en brazos.»
Para Delphine de Vigan, escribir sobre su madre es cerrar heridas abiertas muchos años atrás, y recuperar la novela familiar es emprender un camino de catarsis y de superación del duelo, a la manera del que nos descubre Roland Barthes en sus escritos póstumos. Pero es también un ejercicio de alto riesgo, puesto que en el curso de esta investigación expone ante los miembros de su familia, como si ellos no fueran más que lectores anónimos en la multitud, su propio secreto más terrible.
“Apegos feroces” de Vivian Gornick

Comentado recientemente por Polina, es delicioso. Mucho menos duro que los otros, pero muy recomendable.Gornick, una mujer madura, camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo. Desde muy temprano, Gornick se ve influida por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre; el otro, el de Nettie. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida.
“Mi padre, el pornógrafo” de Chris Offutt

La sinopsis lo explica todo. Como soy fan de Offutt como escritor, leer de dónde viene fue interesantísimo.Cuando Andrew Offutt murió, su hijo Chris heredó un escritorio, un rifle y ochocientos kilos de porno. Andrew fue considerado el rey de la pornografía escrita del siglo XX, con una carrera literaria que comenzó como un medio para pagar la ortodoncia de su hijo y que pronto cobró vida hasta alcanzar su punto álgido durante la década de los setenta, cuando la popularidad comercial de la novela erótica llegó a su apogeo. Con su esposa ejerciendo como mecanógrafa, Andrew escribió desde su casa en las colinas de Kentucky, encerrado en una oficina en la que nadie osaba entrar, más de cuatrocientas novelas. Pero, cuanto más escribía, más crecía su ambición y más difícil era para sus hijos formar parte de su mundo.
En el verano de 2013, Chris regresó a su ciudad natal para ayudar a su madre, ya viuda, a salir de la casa de su infancia. Cuando comenzó a leer los manuscritos y las cartas de su padre, por fin tuvo la oportunidad de conocer a aquel hombre difícil, voluble y, a veces, cruel al que había amado y temido a partes iguales, y se dio cuenta de que en ausencia de su padre podría dar sentido a su vida y a su legado.
“Volver la vista atrás” de Juan Gabriel Vásquez

Este es muy curioso, porque los padres del autor no estaban formalmente locos, pero eran comunistas de tal intensidad y convencimiento que se los llevan a la China de Mao y los dejan por allí, y luego hay guerrilla colombiana... padres fanáticos. El autor lo describe sin mucho resentimiento, pero vaya vida, colega.En octubre de 2016, el director de cine colombiano Sergio Cabrera asiste en Barcelona a una retrospectiva de sus películas. Es un momento difícil: su padre, Fausto Cabrera, acaba de morir; su matrimonio está en crisis, y su país ha rechazado unos acuerdos de paz que le habrían permitido terminar con más de cincuenta años de guerra.
A lo largo de unos días reveladores, Sergio irá recordando los hechos que marcaron su vida y la de su padre. De la guerra civil española al exilio en América de su familia republicana, de la China de la Revolución Cultural a los movimientos armados de los años sesenta, el lector asistirá a una vida que es mucho más que una gran aventura: es una imagen de medio siglo de historia que trastornó al mundo entero.
Volver la vista atrás cuenta hechos reales, pero sólo en manos de un novelista magistral como Vásquez podía convertirse en este retrato devastador de una familia arrastrada por las fuerzas de la historia. Una fascinante investigación social y a la vez íntima, política y a la vez privada, que el lector no olvidará.
“Material de construcción” de Eider Rodríguez

En un terreno muy reconocible para mí, por época y geografía, padre alcohólico. Al que se quiere, pero que se mea encima. Terrible. Buenísimo. Apertura en canal.En esta novela hay veranos, cigarrillos, piscinas, hospitales, caballos, azulejos, cemento, arena, cartas, plantas, fuego, vacaciones, amores, mentiras, verdades, vergüenzas... y también alcohol, que lo impregna todo, estropeándolo y deformándolo. Porque el padre es alcohólico. Y ella, la hija de un alcohólico. Pero ¿qué más hay detrás de ese hombre que vendía materiales de construcción y fabricaba muebles reciclando palés? A pesar de haber vivido en la misma casa durante muchos años, padre e hija apenas tienen trato. No se hablan ni se tocan, pero las miradas, los olores y los sonidos les sirven de vínculo. Y el silencio, eso que no se quiere y no se puede decir, es más un campo de batalla que una fortaleza.
En su primera novela, Eider Rodríguez ha recogido los fragmentos de un padre para reconstruir, desde diferentes perspectivas y con un estilo brutal y descarnado, el relato de una familia, de una época y de un lugar, sacando a la luz los cauces subterráneos por los que circulan el amor y la vida dentro de los estrechos márgenes del entorno familiar.
“Me alegro de que mi madre haya muerto” de Jennette McCurdy

Terrible a la vez que divertido. Actriz infantil con madre loca que está empeñada en que su hija triunfe como actriz infantil, y claro, le jode la vida. Muy recomendable incluso si no conocías de nada a al actriz de Nickelodeon. Adictivo.Jennette tenía seis años cuando fue a su primera audición. El sueño de su madre era que su única hija fuera una estrella, y Jennette estaba dispuesta a todo para hacerla feliz. Aceptó su plan de «restricción de calorías», que consistía en comer poco y pesarse cinco veces al día. Soportó sus maquillajes y reproches: «Tus pestañas son invisibles, ¿vale? ¿Crees que Dakota Fanning no se tiñe las suyas?». Su madre la bañó hasta los dieciséis años, y se vio obligada a compartir con ella sus diarios, su correo electrónico y todos sus ingresos.
En Me alegro de que mi madre haya muerto, Jennette relata todo lo que sucedió cuando su sueño finalmente se hizo realidad. Seleccionada para participar en una serie de Nickelodeon llamada iCarly, se ve lanzada a la fama. Aunque su madre está extasiada, contesta los mails de los fans y llama a los paparazzi por su nombre de pila («¡Hola, Gale!»), Jennette se siente llena de ansiedad, vergüenza y autodesprecio, lo que se manifiesta en trastornos alimentarios, adicciones y relaciones tóxicas. Los problemas empeoran cuando, tras aceptar el papel principal junto a Ariana Grande en Sam & Cat, el spin-off de iCarly, su madre muere de cáncer. Finalmente, después de descubrir la terapia y dejar la actuación, Jennette se embarca en su propia recuperación y decide, por primera vez en su vida, hacer lo que quiere.
“Otra noche de mierda en esta puta ciudad” de Nick Flynn

Un tipo se pone a trabajar en el albergue al que va su padre, que está loco y se bebe hasta el agua de los floreros. Ahí conoce a su padre. Original.Nick Flynn conoció a su padre cuando ya tenía veintisiete años y trabajaba en un albergue para indigentes en Boston. Jonathan Flynn, un aspirante a escritor, se había marchado de casa cuando su hijo tenía seis meses. Nick ya era un adolescente cuando recibió algunas cartas desde la cárcel, donde su padre decía que la experiencia le serviría para ser el Dostoievski de su generación. Nick comienza su propio viaje por la literatura, el alcohol y las drogas. Su madre se suicida. Nick conoce a Emily, se muda a Boston. Y es allí cuando se produce el encuentro. El padre acaba una noche en el albergue donde trabaja el hijo. Pero Nick no construirá una relación que nunca existió. No se lleva a su padre a su precaria casa, aunque sepa que duerme en las calles. Nick quiere saber quién es su padre pero a una prudente distancia. Está al borde del precipicio y, si se acerca, caerán juntos. Nick quiere salvarse y escribir sus propios libros.
“Vengo de ese miedo” de Miguel Ángel Oeste

El padre de este libro es un hijodeputah. Es difícil encontrarle matices, es mala gente. Un enfoque diferente, un cabronazo.Incapaz de visitar a su padre, el narrador de esta historia decide escribir sobre su familia sin contar con ese testimonio. El miedo a estar junto a él lo paraliza. Y así, como una infección que lo invade todo, aflora la narración de este infierno. Su madre, una belleza de menos de veinte años, se dejó seducir por el padre, un hombre dotado de gran encanto entre las amistades y muy generoso con los que le rodeaban en el trabajo, pero un egocéntrico maltratador en casa. En este retrato falsamente doméstico se perfilan los inicios del turismo en la Málaga de los años setenta, cuando el dinero europeo de veraneantes e inversores trajo en plena dictadura una insólita apertura en forma de diversión y juerga, aire fresco para una sociedad que ni en sueños habría imaginado noches de orgías sin fin. Miguel Ángel Oeste desciende al abismo de sus recuerdos y, en una dolorosa investigación, confronta su memoria con la de familiares y conocidos para elaborar un testimonio desgarrador, que a la vez es una crónica de los últimos cuarenta años de este país.
“Hillbilly, una elegía rural” de J. D. Vance.

Leí este libro mucho antes de que el cretino de Vance fuera candidato a vicepresidente y luego vice de la administración Trump. Vaya tela. El tipo escribe bien, y el libro mola bastante (incluso hay peli de Netflix) hasta que llega a la parte final y se pone derechoso y a contarnos que si te esfuerzas, aunque vengas del lodo más profundo, te puedes hacer millonario. Aconsejo obviar las páginas finales y quedarse con el relato de la relación con su madre yonki y cómo su abuela le salva. Mis hijos me dicen que lo tire, que cómo puedo tener una autobiografía de semejante fascista, pero yo lo conservo.La historia familiar del autor se inicia en la posguerra con sus abuelos, que en sus propias palabras eran «extremadamente pobres pero estaban enamorados», y se mudaron desde Kentucky a Ohio buscando escapar de la pobreza. Fundaron una familia de clase media tradicional que luchó contra los conflictos característicos de su tiempo y de su generación.
Vance tuvo la suerte de poder escapar a un destino miserable en su pueblo natal y, después de pasar un tiempo en la Marina, se graduó en la Yale Law School y se convirtió en un abogado de éxito que ahora reside en San Francisco.
En “El bar de las grandes esperanzas” de J. R. Moehringer se relata padre ausente y cómo encuentra consuelo en un bar donde toma las figuras masculinas que le faltan, y “Los chicos de Hidden Valley Road” de Robert Kolker cuenta la historia de una familia americana ideal en la que uno tras otro los hijos (son tropecientos hermanos) comienzan a desarrollar esquizofrenia. Es periodismo, no autobiografía, pero le dan acceso total a la familia, y es impresionante.
Así, de momento.
Lo dicho, se aceptan recomendaciones.
Edito y añado el último (e iré añadiendo en este primer post lo que vaya leyendo que se ajuste -más o menos- al "género"):
"Para acabar con Eddy Bellegueule" de Édouard Louis.

No entra del todo en el género, porque más que "padre loco" o "madre loca", es un libro que retrata a toda una clase social de obreros de la Francia obrera, sin herramientas personales, pueblos en los que todos son alcohólicos, todos pegan a sus mujeres, todos son como bestias sin desasnar. Vamos, que los padres del autor son como los demás padres del pueblo, no es una circunstancia especial la que vive en su casa, sino que todos son unas malas bestias, y su historia personal es diferente porque él es homosexual y porque tiene una inteligencia e inquietudes superior a los de los que le rodean. Ahí el diferente es él.